Yo ya lo tenía claro.

Lo decía con aquel vaso como si de whisky fuera, que ya lo tenía claro.

Que no ibas a durar más que dos canciones, quizás puestas a cámara lenta, pero que me sonaban a notas rápidas y algo desteñidas.

Ya lo tenía claro, que te ibas a quedar para pasearte en mis domingos y sorprenderme en cada lunes. De verdad, ya lo sabía.

Que te ibas a convertir en desidia, en comedia, en trágico romance inesperado, en día sonriente, en despedida sin ganas y en deshielo irremediable.

Ya lo tenía claro, que tus ojos no engañan y que mis manos no se entienden cuando de buscarte se trata.

Inexperta, incapaz, temerosamente atrevida, tenía claro que todos los antónimos estarían unidos para continuar con aquel baile.

Y es que si algo tengo claro, es la poca claridad entre acción y palabra, entre despido y retorno, entre quiero menos y necesito más.

Te pienso y cada día tengo más claro, pausa y ojos de huracán.

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Big fish

Había hecho un día de sol increíble, de los que invitan a salir hasta reventar la calle. Sin embargo yo no había encontrado la compañía adecuada, de hecho, no había encontrado compañía.

Me sentía rara, jamás he estado tan sola y al mismo tiempo tan acompañada.

Pasaba días enteros hablando con personas que me querían un montón y a las que yo adoraba. Habíamos compartido grandes historias y momentos.

Pero yo estaba esa tarde de sábado, saliendo sola de mi casa, yendo hacia a ninguna parte, dado que las cafeterías que solía frecuentar estaban hasta los topes.

Entré en otra por probar, tremendo fastidio pues el sitio no era nada del otro mundo, pero finalmente me senté y allí sola con mi café empecé a pensar.

¿Y si estoy sola porque he hablado de más? ¿O quizás porque he contado demasiadas historias y ahora la gente quiere olvidarse de ellas y vivir las suyas sin mí?

Recurrí a una de las personas más sabias que conozco, él fue quien me dijo: tengo la película perfecta para ti.

Y es el título de este post, ya la había visto 100 veces, pensé de verdad que se había equivocado y que simplemente me sentiría como líneas atrás.

Pero cuando me dieron las 2:09h de la madrugada y acabé esa película… Lo entendí todo.

La vida está llena de historias maravillosas que deben ser contadas, habrá gente que las explicará tal cual, personas que se precipitarán añadiendo algunos detalles y otras que le darán una épica que seguramente carezcan.

Siendo escritora, estoy segura que sabréis en qué tipo de persona encajo yo.

Maravillosa épica, de la que beben todos mis recuerdos y lo mejor de todo… Es que siempre los sentiré de ese modo.

En ese momento de la noche me di cuenta de lo afortunada que era, lo afortunada que soy y lo afortunada que seré.

Porque seguramente mis amigos, mi familia y mis líos amorosos habrán pensado en alguna ocasión “allá va con otra historia”. Pero estoy segura que cuando no esté, todos esos detalles serán los que estarán con ellos y les darán la calidez que yo tanto me esmeré en bordarles.

Si, tenías razón, era la película que me hacía falta.

Selfish Prick.

Cuando escribí estas palabras, estaba decepcionada y rota por la pérdida de lo que yo pensaba que valía la pena. A veces, leernos tras un tiempo nos da la oportunidad de darnos cuenta de dos cosas: 1. de lo equivocados que estamos a veces y 2. de que todas las rupturas son iguales.

Espero que lo disfrutes, te lo regalo a ti.

Me da pena, que todo se haya ido cuesta abajo a empujones por tus manos.

Me da pena, que hayas decidido ir en dirección contraria a la mía.

Me da pena, porque jamás te habría olvidado en una mañana cargada de tareas, te habrías quedado en los estantes de mi pensamiento como has solido hacer hasta ahora.

Me da pena, que seas tú quien decida remover todos mis cajones y después señalar con el dedo el desorden.

Me entristece, recordarte como una espina en una flor que no llegó a rosa.

Me entristece, pedirte que te vayas porque no has querido quedarte.

Me entristece que me encuentres y te escondas, que cuando ya me has perdido de vista me llames a gritos para ponerme vendas en los ojos.

Me avergüenza tu poca valentía, de ponerte los zapatos y mirarme de reojo a cada nuevo paso que das.

Ahora, que te desenlazas de mis finales y empiezas a dolerme porque ya esto no nos sale. Ahora me doy cuenta de que yo nunca quise a un cobarde, a alguien que no sepa mirarme.

Ahora, ya no me quedan municiones que entregarte porque mis disparos fueron al cielo con esperanza que algún día esos paracaídas caigan en tu hierba y sin saberlo los recojas.

Mañana, cuando llames a esa puerta situada en mi espalda, ya no habrá tantos temores y tampoco ganas, ya no habrá ilusiones o batallas, ya no estaré donde tú me dejaste.

Indeleble, sólo por momentos.

Existen muchas palabras que podrían definir esta situación:

Silencio.

Miedo.

Pausa.

Vacío.

Blanco.

Sin embargo ninguna de ellas ha sido utilizada todavía, mi mente gira entorno a las agujas del reloj, más rápido de lo que ellas podrán ir jamás.

Como si el correr más implicase que los minutos avanzasen más veloces, más inquietos, más palpitantes.

No sabría decirte dónde estás en todo este pensamiento, te he perdido la pista y ya no sé si debo o quiero encontrarte.

Es como si hubieses escogido uno de esos cuadros de Dalí en que transformaba sus obsesiones en una nada entendible y me hayas pedido que te explicase el contexto.

Incomprensible, esa podría ser otra de las palabras.

Me quedan sólo dos advertencias que darte, por si vuelves, por si echas la vista hacia atrás y decides recular.

Una, no me encontrarás allí, he pasado demasiado tiempo en este mundo como para comprender que cuando alguien se va, lo mejor es seguir caminando sin ti.

Dos, allí encontrarás todo lo que tu decidiste dejar de nosotros, deshilachado, sin definir, inexplicable e indeleble por momentos.

Sólo por momentos.

Demasiado bueno para ser verdad.

A ella se le escapó esa frase de sus labios y yo no pude remediar que una rabia inmensa controlase mi cuerpo y mente.

Demasiado bueno para ser verdad.

Nadie debería poder hacer una afirmación así de triste.

Las cosas buenas no pueden ser demasiado buenas y por ello convertirse en irreales.

Y sin embargo parece que la vida tiene una competición contra esas palabras para demostrarnos lo contrario.

Parece también que la noche tiene otros planes para todos y cada uno de nosotros. Nos invita a ser cómplices de pensamientos que no compartimos, afirmaciones que no nos atrevemos a decir y decisiones que sabemos que no nos dejarán indiferentes.

Y cuando llega el día y todo sucede, y todo cautiva, y todo atrapa y todo tiene magia.

De golpe es demasiado bueno para ser verdad.

Este ciclo mortal del tira y afloja, del sube y baja, de la emoción y la decepción, nos llena tanto de vida y al mismo tiempo nos la arrebata.

¿Demasiado bueno para ser verdad?

Cuando ella acabó esa frase yo la miré, puse mi mano en su hombro y le aseguré que no hay nada tan bueno, ni tan verdadero, que no vaya acompañado de un pequeño momento de tristeza por sentir que esa magia es efímera.

Porque sin la montaña rusa, ni nada es tan bueno, ni nada es verdad.

Fiebre.

Si supiera escribirte algo romántico lo haría en dos minutos sin más, sería uno de esos poemas que me queman en las manos hasta que se cuelan en tinta y papel.

De verdad, sería francamente sencillo escribirte algo así.

Si supiera escribirte algo romántico, no hablaría de tus pasos, ni de los aspavientos que haces mientras te quieres dar a entender. Porque eso es tangible y visible, pero tus partes más bonitas están ocultas para los demás.

Y de verdad, sería francamente sencillo escribir algo así sobre ti.

Pero es que tú eres como la Fiebre, así con letra mayúscula.

Capaz de ir poco a poco caminando por una senda desprevenida, hasta llegar al sábado de cada persona para sorprenderle con la temperatura que no esperaba encontrar.

Eres la extraña comparativa entre una sensación molesta y a la vez querida, como las agujetas que te provocan unas horas de risa que no esperabas tener.

Unas agujetas de las que no te cansas y al mismo tiempo, otra vez, quieres detenerlas cuando parece que van a más.

Fiebre.

De la que te da una mañana cuando has dormido poco por pensar demasiado la noche anterior.

Fiebre.

De nervios y encuentros fortuitos, rápidos, indelebles.

Quizás jamás sepa escribirte algo romántico, pero sé que algo cálido, inesperado, ascendente, incontrolable, irascible, así como lo eres tú… Será suficiente.

Nightcall

Muchas cosas ocurren por casualidad, a veces más o menos acertada.

Lo que una ocasión pudo parecerte un gesto sin cuidado, ahora se convierte en algo que definió el transcurso de tus días. Y eso es mágico.

Es curioso darse cuenta entonces, que las mejores cosas ocurren cuando no las piensas demasiado, cuando simplemente haces lo que sientes y dejas que todo avance a su ritmo.

Cuando no te preocupa de más.

Pero supongo que ir por la vida como locos no es algo que hagamos con frecuencia, el plan y la estrategia forman parte del ser humano.

Y tras una conversación de miércoles noche, me daba cuenta mientras me acababa esa copa que lo único que podía arruinar aquella cita era no ser capaz de pensar en el día de después.

¿Cuántas veces no hemos pensado en qué pasará con esa persona sin que ni si quiera haya pasado aún?

Como diría uno de mis mejores amigos “es por la fantasía”.

Y ahora me doy cuenta, que si no existe esa fantasía, ese imaginar cosas y dormirse pensando en cómo van a ocurrir, esas ganas de querer definir todo y no llegar a conseguirlo… No estaríamos vivos.

Sin dejarse enloquecer, obviamente.

Pero queriendo enloquecer contigo.

Mi acompañante seguía fumándose un cigarrillo y yo parecía querer encontrar una respuesta dentro de aquel vaso, lo miraba como cuando los niños hacen un catalejo con el cartón del rollo de papel de cocina.

Debieron pensar que estaba loca.

Como no encontraba nada, era sensato para mí dejar de buscar, si algo no te hace vibrar te recomiendo que no pierdas el tiempo en ello.

Estaba claro que allí no había fantasía, se habría quedado dormida en mi almohada y me estaba esperando para llegar a los brazos de Morfeo.

Él volvió a la mesa, pero yo aún sentada en ese lugar… Ya no estaba allí.

Me repetía en la cabeza que la delgada línea entre el no pensar de más y el no poder pensar más allá era tan difusa y confusa que daría para horas de terapia mental.

Creo que la clave es sentirlo, no sabría definirlo mejor.

Sentirlo y darte cuenta de que te hace sonreír.

Dejé la copa con algunos tragos más por tomar, salí de allí dando un portazo, supongo que yo quería sentir más.

Mucho antes.

Hoy vuelvo a escribir por un sentimiento de culpa, algo tan amargo que se me ha atado al cuello como una maldita bufanda en pleno día de lo que parece un verano en Granada.

La culpa de sentir a mi mejor amiga partiéndose en la distancia, por un recuerdo tan oscuro que hasta hace poco había enterrado.

Consentimos, hemos consentido a malas maneras los piropos obscenos, las manos fuera de lugar, las insistencias a pesar de la negativa y ante todo, hemos consentido que eso es natural y que no pasa nada si sucede.

Sí que pasa, pasa que la negativa debería valerse por si sola sin la necesidad de argumentarla.

Pasa que la no resistencia no implica concesión, que el poder no es poder si no viene apoyado de buenas intenciones.

Y yo aquí, ahora, en mi habitación mientras redacto estas líneas por las que me tildarán de feminista enloquecida, de hacer una pirámide de un granito de arena, me río y lloro porque debí empezar mucho antes.

Mucho antes a comprender algunas cosas, a responder a sandeces y a decir, que yo no busco nada que no se comprenda entre el respeto y el ser humano.

Algo que la persona que en ese momento destrozó a mi hermana, no lo es.

Porque un ser humano se diferencia entre otras cosas del animal, por la empatía.

Y os aseguro que alguien que toca tu piel sin permiso, no la tiene, de igual modo que alguien que no es capaz de decir que no con palabras pero sí con la mirada: es valiente.

Porque cobarde es aquel que no se enfrenta al miedo, pero valiente somos los que aun aterrorizadas/os plantamos frente y luchamos.

Hoy por ti, te pido disculpas y de nuevo pienso… Que debería haber comenzado mucho antes.

 

No parecía casa ajena.

Los dedos bailan sobre tu piel, parece que ya se conocen los pasos de esta inesperada danza.

Mucho le tienen que envidiar nuestras palabras, pobres novatas que se lanzan al vacío. Ansiosas de esperar su turno, más tarde cansadas al llegar a un andén en el que no les esperaba nadie.

Tu piel no parecía casa ajena, era como si siempre hubiera estado allí, esperando a ser descubierta, quizás a romperse entre besos y ahora en estos versos.

La definiría “entre algodones”, muy tú y muy yo. Pero quizás no tan nosotros.

Porque clasificarnos tampoco se nos da muy bien. Sólo tenemos dos lenguajes.

Uno, es este irremediable vals que nos hemos ingeniado, el segundo sólo ocurre tras las tres de la mañana.

Me atrevo a afirmar que mis torpes nervios, quizás los tuyos también, no vienen por desearte menos, si no por hacerlo de más.

Es un más muy tímido y lento, escondido entre tus hombros y cuello, ha escogido mi  lugar favorito en tu cuerpo porque sabe que es allí dónde me gustaría estar.

He debido desaprender, entre otras muchas cosas, a decirte adiós hasta en este poema.

A veces dicen que las cosas no salen si no tienes ganas de hacerlas.

Siempre tendremos los comodines y usaré muy cerca de tu oído el que mejor nos ha servido… Ciao!

Hay historias mágicas.

Si, definitivamente las hay.

Vivimos momentos que se convierten en eternos, que se graban a fuego en nuestra memoria e incluso acaban pareciendo parte de una película.

A veces puede ser una canción escuchada por ambos al mismo tiempo, una frase dicha con los ojos cerrados, una caricia cuando más la necesitabas.

A veces puede ser incluso el beso que no te dieron a tiempo.

Pero todos hemos corrido bajo la lluvia alguna vez hacia algún lugar, todos hemos buscado a alguien con desesperación porque debíamos decirle lo que sentíamos, todos y cada uno de nosotros se ha dejado la piel por algún sentimiento en un momento dado.

Y sin embargo nunca parece ser suficiente para que el caos pare de meterse en medio.

Siempre hay batallas que librar, lágrimas que contener, abrazos que pedir, sitios en los que esconderse, caos incesante.

Pero nadie, ni tan sólo una persona, construye historias mágicas sin momentos oscuros.

Porque como me dijo una gran amiga, el dolor deja cicatrices y por eso lo recordamos pero la felicidad no deja marcas y se nos va de la cabeza más fácilmente.

Tiempo después de aquella reflexión, me he mirado al espejo y he descubierto pequeñas arrugas en la comisura de mis labios.

Me he reído y ha sido entonces cuando me he dado cuenta que esas marcas son las cicatrices de mi sonrisa.

Unas que no nacen de un dolor amargo, si no de incesantes momentos de paz y de diversión. Algunos llaman a esto felicidad.

Por esas pequeñas arrugas tengo claro lo siguiente:

Hay historias mágicas que se construyen sobre cicatrices llenas de sonrisas y momentos oscuros llenos de manos buscando encender una luz.