La Columna de Mosby (18): el día en que el feminismo no me dejó dormir.

No hace falta que hable del vídeo de Zorman, porque si eres usuario de redes sociales seguramente ya habrás visto el vídeo que ha hecho sobre las feministas modernas.

Pero antes de que lo pienses, no vamos a hablar de ello.

Vamos a hablar de la conversación que nació a partir del vídeo y también de cuando mi mejor amiga Adelina me comentó que estaba viendo un programa de televisión llamado “Fuera de cobertura“.

Para los que como yo no conozcan ese programa, se trata de unos reporteros que viajan a zonas consideradas conflictivas y retratan lo que allí sucede. Y para tu sorpresa, es de Telecinco.

No voy a entrar a opinar sobre si el programa es más o menos efectivo, lo que si te diré es que hablaban de la situación de acoso que vivían las mujeres en El Cairo y que tuve que parar de verlo unas cuantas veces porque no era capaz de asimilar todo lo que estaba pasando.

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Hemos convivido con el abuso.

Supongo que no entenderás a lo que me refiero, a mí me ha costado asimilarlo también, pero siguiendo esa larga charla con Adelina, todo nos llevaba a la misma conclusión.

Algo que se dijo en el programa Fuera de cobertura era el hecho de que muchas/os habían convertido el abuso sexual en algo normal y de su día a día. Pero claro, cuando nosotros pensamos en ese abuso no nos imaginamos su forma más simple.

El que, sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, realizare actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona

¿Quién se reconoce en esas líneas? Nadie.

Sin embargo, si te pregunto:

  • ¿Te han tocado el culo sin que tú quisieras? ¿Lo has tocado tú a alguien?
  • ¿Te han dicho alguna guarrada que no querías escuchar? ¿La has dicho tú a otra persona?
  • ¿Has tenido que decir 100 veces “no, gracias”? ¿Has insistido tú?
  • ¿Has hecho la cobra más de 3 veces a la misma persona?
  • Y lo peor, ¿te has acostado con alguien para que no se enfadase?

Ahora ya si todos formamos parte de esas líneas, ya sea como abusado/a, abusador/ra o persona que ha convivido con el abuso.

Y no sólo con el abuso, también con el acoso sexual.

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Yo sé que ahora muchas/os que estén leyendo esto me tildarán de exagerada, pero quiero decir que el hecho de que te plantees que esto es una exageración ya me está dando la razón.

Porque el pequeño extracto que has leído es del Código Penal y dice claramente “sin violencia o intimidación”.

Señoras, señores, esto no es exagerar esto es entender una cosa muy importante…

NO es NO.

Vivo en Granada, una ciudad en la que el año pasado (junto a Barcelona si no me equivoco) se propuso hacer una manifestación en la que diferentes personas exigían el derecho a violación, a utilizar a la mujer como objeto a violentarla a su placer.

Esa semana no se recomendaba salir a la calle, por supuesto mucho menos sola. Y yo tenía en mi casa a una chica Erasmus que no entendía qué quería decirle con “es peligroso salir a la calle hoy” viviendo en el siglo XXI.

Actualmente hay una campaña contra la violencia de género y las agresiones sexuales en la que su claim es: No es no.

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Y sé que muchas/os dirán que no todo se centra en la mujer, que también existe la discriminación positiva (otro tema que hablé con mi compi Pablo), pero es que quizás deberíamos plantearnos que muchos hombres también son víctimas cuando han crecido en una sociedad que les ha enseñado a pasar todo esto por alto.

Cuando hoy hablaba sobre el feminismo con mi amiga Maria Shelley, quien escribió sobre feminismo en este mismo blog, ella me dijo las siguientes palabras:

El feminismo debe ser radical, no puede ser moderado.

Yo no la entendí de primeras, porque me han puesto la venda en los ojos de que radical significa lo que han llamado feminazis y etiquetado de “odiahombres” y ella no se refería a eso.

Se refería a que debe ser radical en no dejar de pasar ni una, porque si cedemos, todos, lo estamos normalizando y estamos diciéndoles a los demás que es correcto. Que no importa.

Así que María, cuando despiertes y veas un audio mío a las tantas de la noche no te asustes, es tan solo que de golpe lo entendí, de golpe me di cuenta.

No quiero ser más partícipe de esto, ¿y tú? Feliz miércoles.

Fotografía: Ideal

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Te dejo mis redes sociales🙂

 

Con estas gafas se ve mucho mejor.

Ponerse las gafas violetas es una metáfora que me encanta para entender el feminismo cotidiano.

Supongo que a estas alturas todos hemos visto la famosísima película Matrix. Pues bien, en una de las escenas, Neo, el protagonista, tiene la opción de tomarse una pastilla azul para permanecer en un mundo de felicidad ilusoria e ignorancia o bien tragarse una pastilla roja y abrir los ojos a la cruda – pero liberadora – realidad.

Pues cuando te pones las gafas violetas, eliges, como Neo, ver la realidad.

Consiste en mirar el mundo con una mirada crítica desde el punto de vista del género para ver las desigualdades entre hombres y mujeres.  Es una nueva manera de ver nuestro alrededor, para darnos cuenta de las situaciones injustas, de desventaja, de menosprecio, etc.

De repente con esta nueva mirada empiezas a contar cuántas mujeres participan en ese debate de la tele, como sexualizan el cuerpo de esa joven en ese anuncio publicitario, cómo separan por género en aquella juguetería…

Aprendes a visualizar nítidamente cada machismo en tu alrededor. Pequeñas cosas que tenemos tan interiorizadas que no nos dabamos cuenta antes. Porque da igual, porque siempre ha sido así.

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En la imagen vemos los tipos de violencias hacia la mujer en la sociedad, unas visibles y otras invisibles. Pues la forma más baja, la más sutil, la más imperceptible, la que está abajo de todo en la escala, es el micromachismo.

¿Por qué es importante si es la más baja y menos dañina?

Pues porque es la más cotidiana y por lo tanto es la más difícil de identificar. Es invisible para quien todavía no lleva las gafas violetas.

¿Qué son los micromachismos?

Son  microabusos  y  microviolencias  que  procuran  que  el  varón  mantenga  su  propia posición de género creando una red que sutilmente atrapa a la mujer, atentando contra su autonomía personal si ella no las descubre.
Para favorecer la igualdad es necesario reconocerlos y transformar estas pequeñas actitudes.

Te lo muestro a continuación en un vídeo para que veas a lo que me refiero:

Hace siglos que vivimos en una sociedad patriarcal hecha por y para los hombres. Y es muy difícil no tener actitudes machistas, casi imposible.

Y aunque este tema parece que sólo incumbe a mujeres, nada más alejado de la realidad. Para demostrarlo, El Diario lanzó una campaña que se volvió viral donde expresaba cómo los micromachismos, actualmente se ha convertido en un blog donde puedes ver todas esas experiencias y el comprobar que mirar a través de las gafas violetas es un asunto de todos:

Aquí no se trata de ver quién es más machista que cuál, sino de quiénes estamos dispuestos a observarnos, cuestionarnos, a darnos cuenta de nuestras conductas o pensamientos y a hacer autocrítica para modificarlos.

Espero que te haya gustado mi primera publicación y por supuesto estaré encantada de responder a tus preguntas y comentarios.

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