Blogmas de la columna de Mosby: año nuevo ya está aquí.

Vale, me he tomado las vacaciones más largas e injustificadas del planeta tierra, pero oye… Me las merecía, ¿vale? Y de qué manera.

Apenas volví por Barcelona, cuando mi querida compañía Vueling decidió que llegasemos, a las 3 de la mañana, que tuve la gran suerte que mis amigos Adrián y Jonàs estaban ahí para recibirme y aunque había prometido a muchos amigos que haría mi primer vídeo de Instagram, tenía tanta hambre y sueño que lo omití.

El día 24 ya se había colado entre los rayos del sol y yo llegué a Blanes, el cual aún no he pisado en modo paseo, pero no sin antes disfrutar de un magnífico trayecto en tren, que antes habría odiado y ahora me fascinaba al mirar el mar.

La cena del 24 con mi familia es siempre mágica y divertida, me encanta cuando todos nos reunimos, estar con todo el mundo, ponernos muy brevemente al día, el amigo invisible…

Y para qué negarlo, la comida.

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¿Te pongo otro plato de rape?

Y es que mis tías Tere y Montse hacen un rape en salsa que te mueres. Ah y la calidad de la foto no me la tengas en cuenta, era 24 de diciembre, ¿qué quieres?

Para mí esa noche tiene dos caras, una en la que estoy en familia y celebro con los que quiero la Navidad y después está el momento de la noche en el que mis amigos me recogen y comienza la celebración de mi cumpleaños versión “oh my god, nos vamos de bares”.

O eso era lo que pensaba, porque nos sorprendimos al ver que Blanes sólo había abierto 2 bares y 1 de sus discotecas, pero aún así… Oh my god.

Y los bailes cayeron, fue muy divertido, sobretodo porque esa sería la última fiesta que me podría dar, por suerte al día siguiente, el ya consistente 25, pude ver a mi amiga Roser que vive en Japón desde hace 3 añitos (cómo yo en Granada) y a su novio Yu.

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Fue bonito pasar un rato todos juntos y aunque ya empezaba a notarme algo congestionada, nada ni nadie me iba a preparar para lo que sucedió pocos días después…

Saltamos ya al 28, en el cual me encuentro con mi amiga de la universidad Feli, comimos por el pueblo y estuvo genial, teníamos años de no vernos y cuando encuentras de nuevo a alguien tan especial, sólo puedes hacer que sentirte feliz.

Hasta que empecé a marearme tanto que me tuvo que llevar a casa, pues claro señoras/es, estaba a 40 de fiebre. Y es que ese día yo había ido por unas “tontas” anginas al ambulatorio y se acabaron convirtiendo en un jodido alien viviendo en mi garganta.

Hoy sigo sin estar recuperada y he pasado tooooodos estos días, de la cama al baño y viceversa, terriblemente terrible, hacía bastante tiempo que no estaba así de malita.

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Aún así, ayer fue fin de año y pude estar un gran rato con mi familia, cenamos en casa de mi prima Sonia y fue divertido, también habría sido genial si hubiese podido comer algo… Jodidas llagas que tengo por toda la boca. 😦

Pero yo no me rindo, no quería irme a casa tan mal, así que mis amigos Paco y Cristina vinieron a buscarme y me regalaron la noche de fin de año más surrealista y a la vez divertida de toda mi vida, sentaros que tiene tela.

Un japonés que se fue a un karaoke ruso.

Vale, no había ningún hombre japonés involucrado en esta historia (más allá de Yu que estará por Francia con mi querida Roser), pero si que fui tras la cena a un restaurante japo.

Y no, no quería más comida, fuimos a tomar algo.

Resultó que el restaurante ya había cerrado y habían puesto música española de los 70/80’s y había gente bailando. Yo chasqueaba los dedos desde la mesa, fue muy divertido.

Pero lo mejor estaba por llegar, cuando nos fuimos a ver a los amigos de Paco, resultó que estaban en un karaoke cercano, lo que no sabíamos al entrar es que se trataba de un karaoke ruso.

Yo estaba encantada, el ambiente era tan de película que no podía parar de reír, estábamos allí en medio celebrando el año nuevo escuchando canciones rusas, dios, todo el mundo tenía la cara descompuesta en plan “qué pintamos aquí” pero yo estaba enamorada del lugar.

Adelina y yo siempre decimos que los lugares más cutres son los mejores y aquel sin duda, ganaba por goleada.

Pero el mejor momento fue cuando un hombre español decidió salir a cantar “corazón gitano” y entonces ocurrió lo impensable, una pareja rusa se puso a bailar detrás de él.

Yo dije “esto tengo que grabarlo” y así lo hice, te dejo el vídeo en mi instagram MAÑANA 😉

Pero porque hoy ha decidido que no iba a funcionar, no por otra cosa. Bravo.

¿Qué lección he aprendido de todo esto?

No sólo que se puede sudar más que si hicieras ejercicio tras 3 días a 40 de fiebre, no, ni que se puede comer muy despacio al tener la boca llena de llaguitas, tampoco…

He aprendido, que si una quiere, si de verdad lo intenta, es capaz de disfrutar de los momentos más bonitos con las personas que quiere y hacer un breve esfuerzo parar regalarles una sonrisa.

¡Feliz 2017 gente!

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Te dejo mis redes sociales🙂

 

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