Cuando el amor no basta

“No entiendo por qué dos personas que se quieren no pueden estar juntas…”

Cuando me lo dijo, me pareció curioso, yo llevaba mucho tiempo haciéndome la misma pregunta, ¿por qué, si nos queremos tanto, no podemos estar juntos? Pues bien, al parecer esta situación suele darse muy frecuentemente.

Vamos a partir de la base de que somos seres racionales y el amor es un sentimiento irracional. No podemos controlar cuando surge ni hacia quién. Por lo tanto puedes enamorarte de alguien totalmente opuesto a ti, a tu estilo de vida, a tus principios, a tu forma de ser, sentir o pensar. Puedes enamorarte de alguien que, lejos de complementarte y hacer que tu vida sea más sencilla, te desequilibre hasta el punto de que aquello que debería ir sobre ruedas, se vuelva una tarea ardua y difícil. No digo que dos personas opuestas no consigan llegar a un punto de estabilidad mutua y puedan alcanzar la felicidad estando juntos, lo que trato de decir es que en estos casos, son muchas las veces que hay que ceder, adaptarse y conformarse, y no todo el mundo está capacitado y dispuesto a ello.

Esto me lleva a otro punto que me parece fundamental: el amor es el sentimiento más egoísta que existe. Sí, no te sorprendas tanto y piénsalo un poco. Cuando amas a alguien lo haces por lo que te aporta a ti, por lo que te hace sentir. Eliges estar con esa persona porque te hace feliz, por lo tanto, cuando llegan los problemas y surgen los conflictos, siempre acabamos barriendo para casa: “Todo esto es culpa tuya”, “es que nunca miras por mí”, “esto y aquello lo estás haciendo mal” y un sinfín de etcéteras que surgen de nuestro ego, porque cuando algo falla, y permanecer junto a esa persona no nos está aportando felicidad, el amor que sentimos empieza a no ser suficiente. Queremos cosas, tenemos necesidades y las focalizamos en la persona que tenemos a nuestro lado.

Ya, ya lo sé, no siempre es así. A veces, por muy egoístas que seamos, no nos valoramos lo suficiente como para anteponer nuestras necesidades a las suyas. Pero es que esto también es muy problemático, porque dar siempre y no recibir nunca, agota de una manera brutal. Puedes querer tanto a alguien que acabes haciendo siempre los planes que le apetecen, amoldándote a su tiempo y a su espacio, conformándote en cualquier situación o circunstancia… Y entonces, un día te das cuenta de que no eres feliz, porque de lo único que te has estado preocupando últimamente es de la felicidad de la otra persona, pero de la tuya no se preocupa nadie.

Lo que está claro es que, ya sea por incompatibilidad, por egoísmo o por falta de autoestima, cuando una relación empieza a volverse conflictiva, las dos partes acaban haciéndose mucho daño. Hay personas que simplemente no funcionan, pero a nadie le gusta aceptar este hecho. Siempre tenemos la tendencia de decirnos a nosotros mismos lo mucho que nos queremos, por eso volvemos a intentarlo repetidamente. Sin embargo, eso supone arrastrar con los problemas que vamos dejando atrás, vamos llenando el saco con más y más conflictos hasta que revienta y vuelve a saltar todo por los aires. Cuando surge un problema en la relación, no basta con dejarlo atrás y volver a intentarlo. Hay que buscar soluciones y ponerlas en práctica.

Y es que tenemos que tener claro cuándo es el momento de decir basta, cuándo la situación ha superado nuestros límites, cuándo el amor no es suficiente. Que el amor no es como en las películas, pero tampoco debe convertirse en un constante conflicto de intereses, porque cuando os hacéis tanto daño será otra cosa, pero no es amor. Ya lo dije la semana pasada, deja de querer tanto y quiere bien. Y no se trata de tirar la toalla a la primera de cambio, de decir “se acabó” con el primer obstáculo que surja. Se trata de analizar si estamos siendo consecuentes con nuestros sentimientos, si estamos queriendo como se merece la otra persona, si estamos intentando poner soluciones reales y no supuestos prácticos que nunca se llevan a cabo.

¿Te has enamorado de alguien con quien no puedes estar? Pregúntate primero cuáles son las razones que os llevan a pensar que no podéis estar juntos. Hablad, comunicaros el uno con el otro, siempre desde el respeto y manteniendo la calma, porque cuando se pierde el respeto se pierde la razón, cuando le faltas a la otra persona dejas de merecerla. Escuchaos, intentad empatizar. Cede cuando tengas que ceder y no te conformes con cualquier cosa. Pero sobre todo, si la quieres, si de verdad hay tanto amor entre vosotros, deja de preguntarte por qué dos personas que se quieren no pueden estar juntas, pregúntate cómo, porque querer es poder, sólo hay que encontrar el modo de conseguirlo y estar dispuesto a ello o… rendirse.

Porque lo que realmente está claro es que entre dos personas que se quieren, las únicas guerras deberían ser de almohadas, entre dos personas que se quieren, debe ser inconcebible hacer daño al otro, entre dos personas que se quieren, el respeto es primordial. Dejar ir a alguien a quien se quiere es terriblemente doloroso, pero seguir inmerso en una relación que te causa tanto sufrimiento aún lo es más. Si no encuentras el cómo, tal vez sea el momento de romper las cadenas que te atan a ese alguien. A veces, es necesario marcharse un poco antes de que te digan vete. A veces, una retirada a tiempo es una victoria. A veces, el amor no basta.

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