Por donde ayer salió…

florlamendro

Aquella mañana el sol salía por donde ayer salió, aquella rama daba la misma sombra en el mismo lugar  y aquella flor de almendro poseía el mismo rosa intenso que ayer poseyó.

Nada parecía especial hasta que desde el tren me fijé en ese lugar, en ese campo de olivos que sólo destacaba por poseer ese almendro florecido en el centro. ¿Cómo se debe de sentir ese almendro entre tanto olivo? Quizás… ¿especial? Quizás… ¿solitario? Quizás, quizás, ¿incomprendido? No lo sé, pero esa flor parecía sonreírme.

Mi tren pasó de largo pero ella siguió allí y por lo que me han contado felizmente a pesar de estar en lo más alto del árbol sin tener contacto con las demás flores.

Por lo que me han contado a aquel árbol acuden todas las tardes un grupo de niños que juegan hasta que se va el sol y una parejita de enamorados, que bajo la sombra del almendro se dicen mentiras amorosas que enamoran a cualquiera.

Por lo que me han contado, todas las flores de aquel almendro esperan su llegada, todas menos una que apenas se entera de lo que pasa.

Todas las flores se divierten escuchando y esperan ser arrancadas para así conocer sitios nuevos y marchitar en otro lugar, pero aquella flor de la copa del árbol apenas se entera de nada.

Todas se ríen pero ella sigue disfrutando en lo más alto, ninguna otra flor desearía su lugar pero ella supo apreciar el lugar que le había tocado.

Cuando floreció no entendió su posición, todas lamentaron su mala suerte, todas menos una, y es que ella se negaba a lamentarse. Decidió apreciar ese lugar a pesar de sólo ver olivos y no poder disfrutar de lo que las demás flores disfrutaban.

Todas dormían cuando los demás se iban a su hogar, todas menos una.

Ésta flor abría los ojos para ver pasar el tren de la noche, para ver esa puesta de sol,  apreciando las estrellas, el silencio y esos pájaros que emigran.

Al día siguiente el sol apretó más de lo normal, y el calor fue excesivo. Parecía que llegaba el fin de esta pequeña flor que a lo largo del día marchitaba.

Todas lamentaban su situación pero ésta abría aún mas los ojos, acariciaba más que nunca aquella mariposa que se posaba y a aquella abeja que diariamente le robaba.

Llegó la noche y todas durmieron; todas menos una, una que esperaba pasar aquel tren nocturno, el tren en el que iba yo. Una que esperaba una última sonrisa que le respondiese, una última sonrisa que le comprendiese.

Aquella mañana el sol salía por donde ayer salió, aquella rama daba la misma sombra en el mismo lugar  y aquella flor de almendro… aquella flor de almendro ya no estaba. El tren pasó a la misma hora pero yo… Yo no iba  en él y es que la ultima vez decidí no cogerlo .-

(2012)

REDES&CONTACTO:maria-dieguez-gaytan

 MARÍA DIEguez.-

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