Adiós.

“Piensa como quieres tu futuro y actúa para ello” me dijo ella al colgar el teléfono, pero yo me quedé unos segundos aún como si la conversación no hubiese acabado. No podía despegar el auricular del aparato de mi cara, me aterrorizaba pensar que una vez lo separase ya debería empezar a elegir ese futuro.

¿Pero no lo llevaba semanas pensándolo?

Siempre he creído que las personas tenemos una especie de dos vías de tren dentro de nosotros mismos, por una lado está la vía que conducimos, la que dirigimos, a la que ponemos velocidad y sabemos gestionar. Y en el otro lado está la vía oculta, la que sigue la pista de lo que nuestro subconsciente piensa, la que nos prepara para esas cosas y muchas veces nos sorprende cuando, cosas que íbamos a hacer, mentalmente ya las teníamos asumidas.

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Lo que no es absolutamente SI, es un absoluto NO.

Finalmente me desprendí del teléfono, que ya tenía la pantalla empapada a causa de la presión y el calor de mi cara, y lo lancé a la cama sin perderle de vista. Yo estaba ahí de pie y sin embargo sentía como si me encontrase a mil kilómetros de distancia, mirando aquella escena como quien ve una película triste en blanco y negro y está por cambiar el canal, pero no lo hace porque confía en que en algún momento pasará algo emocionante.

El momento emocionante eres tú, soy yo.

El momento emocionante es darse una ducha, quedarse ante el espejo con tu desnudez y darte cuenta de que te has querido desde siempre, aunque lo dudases, esa segunda vía siempre te quiso y siempre va a quererte.

Y entonces te cepillas el pelo, sin dejar de mirarte a los ojos, suspiras y agachas un poco la cabeza pero la vuelves a subir rápidamente. No lo hagas. No agaches la cabeza más.

Tras la ducha me dediqué a ordenar mi armario, tenía el cabello mojado y las gotas estaban corriendo por mi espalda, saltando la toalla y cayendo al suelo. Pero me daba igual. Yo miraba aquel armario como si fuese yo misma, no estaba desordenado, todo tenía su lógica, sin embargo habían rincones de cosas amontonadas en las que al rebuscar encontraba prendas que yo adoraba y había olvidado tener.

Creo que eso nos pasa a todos, acabamos vistiendo casi siempre la misma ropa a pesar de tener mil combinaciones, porque las olvidamos, dejamos de pensar en ellas y las enterramos en cualquier rincón del armario, pero al descubrirlas nos preguntamos por qué no hemos usado de nuevo esa camiseta, ese vestido, esos zapatos… ¿Por qué?

Al acabar me vestí aun sin secarme el pelo y me quedé mirando mi habitación, la adoraba.

Adoraba cada parte de ella porque era el cuadro perfecto de mi representación, no había una pared o un cajón que no dijese mi nombre. Por desgracia también decía el suyo.

Así que en momentos breves e inesperados un susurro se apoderaba del cuarto, decía su nombre y me llevaba a mirar las cuatro tonterías que le hacían presente.

¿Por qué no las he tirado aún? ¿Por qué sigo aferrándome a algo así?

¿Por qué todos lo hacemos?

Ayer leí una frase que decía “lo que no es absolutamente SI, es un absoluto NO” y me impactó mucho, porque no podía encontrar un ejemplo que lo desmintiese.

Mi ironía es que odio los radicalismos aunque yo sea una persona un tanto visceral.

Pero ahí estaba yo con esa frase y sin poder negarla.

 

 

“Piensa como quieres tu futuro y actúa para ello”. 

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