Tricotilomanía.

Es interesante si más no darnos cuenta de las cosas que llegan a obsesionarnos y calmarnos a lo largo de nuestras vidas. En muchas ocasiones llegamos incluso a tener nuestro pequeño ritual para ser capaces de contenernos, de asegurarnos que no cometeremos una gilipollez y saber poner punto y final a muchas situaciones.

Mi ritual es la tricotilomanía, como es una palabra compleja voy a copiar a continuación la definición que he encontrado grosso modo:

La tricotilomanía es un hábito o comportamiento recurrente e irresistible dirigido a arrancarse el propio cabello […].

Curiosamente no es arrancarme el cabello conscientemente, pero si me produce una inmensa satisfacción el sentir como se desliza entre mis dedos, como pasa suavemente y produce un inicio y un final en el que el control absoluto lo tienen mis manos. Apenas lo estoy escribiendo y es casi como si pudiera sentir esas caricias, sé que suena muy morboso e incluso raro, pero para mí es el gesto más bonito que jamás habré sentido.

Nunca fue un problema, siempre había algo con lo que saciar esta ansia y muchas veces pasaba desapercibida incluso para mi. Hablando con mi madre me contó que de pequeña solía coger su cabello y enredarlo entre mis dedos hasta llegar a la raíz y desde allí deslizar mis dedos hasta la punta, claro… esto era insoportable para ella puesto que el tirón de pelo era durísimo. Gracias a dios un primo nuestro decidió regalarme un par de muñecas una de las cuales mi madre empezó a poner junto a su cabeza y así fue como yo empecé a usar el pelo de la muñeca.

Aquello se convirtió en mi pequeño fetiche, era capaz de estar horas y horas tocando el pelo de aquella muñeca, tanto fue así que acabó con un peinado de rastas absolutas y todas hacia arriba como si Goku la hubiese poseído.

Estrella.

Ese fue el nombre de la muñeca que durante años salvó mi cabello, mis nervios y mis frustraciones al caer la noche.

Pienso en ella y se me plantean muchas cuestiones sobre mi misma, sobre los demás, sobre vosotros que me leéis, ¿quién es vuestra muñeca salvavidas? ¿se ha convertido esta lectura en la cura de vuestra tricotilomanía? Y si es así… ¿sabré aguantar vuestros tirones lo suficiente para poder ayudaros?

Antes me preocupaba escribir algo que me diera aires de suficiencia, que pudiera alejarme de aquellos que me leen y que me hiciera sentir una pizca de inseguridad sobre la fuerza de mis palabras, pero he llegado a la conclusión de que si no soy yo misma, si no digo aquello que realmente amaría compartir con vosotros, esta conexión con el paso del tiempo se volvería superflua, inservible e incluso insignificante. Así que no había nada más real y sincero que dar un paso al frente y admitir la debilidad más irresistible con la que vivo a diario.

Bueno, íbamos por la muñeca.

Cuando llegas a cierta edad ya no es normal dormir con la compañía de tus recuerdos de infancia, tampoco sientes esas ganas, así que Estrella quedó apartada a algún cajón, más tarde a una caja de cartón de mudanza y finalmente a la parte superior del armario de mi habitación.

Se volvió tan solo un guiño a mi obsesión de infancia y era un muestrario para nuestros familiares y amigos del cual mi madre y yo bromeábamos.

Pero las noches en las que necesitaba del contacto del pelo entre mis dedos no cesaron, sin darme cuenta la muñeca había pasado a ser yo.

Y es muy curioso darte cuenta con el transcurso de los años como todos repercutimos sobre nosotros nuestros miedos, fobias y desesperaciones, en mi caso de manera inconsciente hasta ahora y en otras situaciones con una fuerza y una decisión que asustan al mismísimo Rocky Balboa.

Yo reaccioné el año pasado cuando mi amigo Oscar me dijo que se me notaba menos volumen de cabello, empecé a plantearme si eso era cierto y a mirarme más para darme cuenta de que era cierto, pero pensé “bueno, el calor del verano, también el estrés de los últimos acontecimientos”, mil excusas lógicas para calmar mi susto. Al llegar a casa de mis padres un día me aparté el pelo y mi madre soltó una especie de grito ahogado a lo que añadió “Tamara, hay partes de tu cuero cabelludo plenamente blancas”. Yo no la entendí así que fui a mirarme al espejo y lo que vi me aterrorizó, había partes de mi cuero cabelludo que apenas tenían 10 pelitos colgando desesperados con fuerza como los últimos supervivientes de un poblado en llamas. Me quedé paralizada.

Lo que más te paraliza no es lo que ves, si no como no lo has visto llegar. 

Empecé a pensar si era mala alimentación, si estaba perdiendo pelo, si quizás me había quemado el cabello con algún producto… Pero mi médico tampoco lo sabía, lo mejor era comprobarlo con el tiempo, me dio algunas indicaciones y me dijo lo siguiente “Tamara, lo mejor que puedes hacer es cortarte el pelo para que no pese tanto y deje de caer.”

Bueno, nunca me ha importado cortarme el pelo pero claro esta vez la idea no era mía, venía de un médico y yo sentía la impotencia que tienes cuando alguien te dice que hagas algo que tú en ese momento no desearías hacer. Así que corté mi pelo por encima de los hombros.

Pero el tiempo ha seguido pasando y nada ha cambiado. Era muy gracioso escuchar a mi abuela o mi madre decir “no, yo te lo veo mejor, creo que están saliendo algunos pelitos” y tu desear creerlo pero ir a mirar al baño y no ver nada. Es complicado, es una lucha constante.

Me gustaría poder recomendar alguna película o libro que tuviera que ver con el tema o con algún asunto similar, pero realmente no tengo ese conocimiento, si alguien sabe de algún material que pudiera mirar me encantaría conocerlo. 🙂

Ahora sé que tengo tricotilomanía porque a raíz de contarlo a algunas personas y hablar con gente que sabe del tema me han indicado que es un trastorno de ansiedad y de conducta. Pero haberle puesto un nombre me ha dado alivio.

Quien sabe, quizás incluso sea capaz de no necesitar nunca más la muñeca y poder dejarla de nuevo en lo alto de mi armario.

Mientras tanto… ¡A luchar!

 

¡Gracias!

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2 comentarios en “Tricotilomanía.

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