Mira yo de ti…

Tras unos cuantos días de organización, asentamiento y de pensamientos más o menos equilibrados, he meditado sobre la gran cantidad de consejos que recibimos a lo largo de nuestras vidas. Como algunas de las frases que hemos escuchado han cambiado rumbos enteros: no vayas a ese lugar que dicen que no tiene buena fama, no estudies esa carrera porque es aburrida y sin salida profesional, no le llames que es mejor que él/ella te busque un poco, ves más lent@ que acabáis de conoceros, etc…

 

Consejos duros,

consejos típicos y tópicos,

consejos que no te gustó escuchar,

consejos que jamás seguiste,

y por supuesto consejos de personas que jamás olvidarás.

 

Muchas veces, en momentos de desesperación hemos llegado a preguntarle a nuestros más allegados “¿qué debo hacer?”. Sin embargo todos aquí sabemos que en las decisiones y momentos difíciles estás solo, no porque no tengas compañía, si no porque el sentimiento de amargura o tristeza no lo vive nadie más que tú y la batalla es contigo y no sin ti.

 

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“Los consejos, consejos son, pero el mejor de todos siempre será el que te des a ti mism@.”

¿Pero por qué dejamos que nos llenen de advertencias, consejos, demagogias o buenas intenciones? Porque en la mayoría de los casos queremos sentir que lo que hacemos tiene lógica con aquello que estamos viviendo. Nos asusta en gran medida sentir que hemos perdido el tiempo, que aquellas horas invertidas con tanto esfuerzo no tienen recompensa, que nos hemos quedado allí para nada.

Pero siempre pienso en el YO del momento, en cómo cuando hacemos algo lo llevamos a cabo religiosamente porque creemos con plena convicción que es lo mejor que podemos y debemos hacer. Casi sin cuestionarnos la decisión, nos tiramos de cabeza a ello.

De nada sirve lamentarse de lo que ya ha ocurrido si no haces algo diferente después.

Los estúpid@s no son los que cometen errores, son aquellos que aun sabiendo que hacen algo que les produce mal a si mismos, siguen y siguen hasta destrozarse.

Como no queremos caer en ese pez que se muerde la cola pedimos ayuda, buscamos en las palabras de otras personas una solución que nos favorezca o que nos de un alivio momentáneo. Pero mi abuela siempre me ha dicho que los consejos, consejos son y que el mejor consejo siempre será aquel que te des a ti mismo.

Hablando con un amigo semanas atrás sobre este tema le comenté lo perdida que me sentía, como si me estuviese desdibujando, preguntando a toda persona que me conocía un poco qué era lo que me aconsejaba hacer, cual era el mejor camino a seguir, que decisión podría venirme mejor. Todos opinaban de manera distinta y yo me acogía a aquella visión que me parecía más real o menos dolorosa. Pero había dejado de escucharme, había olvidado lo importante que era cerrar los ojos y preguntarme a mi misma por lo que quería hacer y sobretodo preguntarme que era lo que NO quería hacer.

Por miedo.

Miedo a sentir que puedes entregar tu totalidad a algo que no esté preparado, que quizás no sea para ti, que no te ha tocado vivirlo, que puede hacerte daño en un determinado momento.

Sin embargo, las grandes frustraciones no vienen de momentos que han ocurrido, vienen de aquellos que jamás sucedieron.

Tuve que parar aquel tiovivo, porque era una locura, despertaba pensando una cosa que se transformaba a lo largo del día para acostarme negando lo que primeramente me había parecido brillante. Sentía palpitar el miedo de sorprenderme escuchando que quería hacer de verdad, pero me arriesgué.

elmundoazul_221214_1419240308_26_.jpgY de arriesgarse va la cosa, así empieza el libro de Albert Espinosa llamado El mundo azul: ama tu caos el cual he descubierto volviendo a una idea que surge de otro de sus libros, el famoso Mundo amarillo, en el que habla de los trucos y consejos para ser feliz en la vida y cuenta como hay 7 trucos que jamás dirá hasta el momento de su muerte, pero nos regala uno: las pérdidas pueden ser ganancias. 

Con esa frase nos deja esperando a los 6 consejos siguientes que no llegan, sin embargo yo me he preguntado si realmente existen o si Albert espera de algún modo que seamos valientes y busquemos las respuestas nosotros mismos.

La vida son emociones y está claro que vale la pena vivir cada una de ellas.

Incluso las que nos duelen.

Por eso a pesar del miedo sigo caminando, como lo harás tú en este momento. Porque aunque muchas cosas nos queman la piel sabemos en el fondo que valen la pena.

Y no hay mejor expresión que esa para esta ocasión: valen la pena.

Si utilizas los consejos porque en ese momento no eres capaz de crear tus propias palabras, tus propias acciones o tus propios esquemas mentales, de acuerdo, adelante, no pasa nada, pero párate. Para el tiovivo.

Porque te mereces vivir tu vida como tú desees vivirla, con equivocaciones o sin ellas, pero a tu manera.

Solo y únicamente, a tu manera.

 

¡Gracias!

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